Nuestra consciencia, nuestro espíritu y nuestra alma, como tres componentes de la estructura multidimensional que poseemos, no son parte de nuestro cuerpo físico, sino que lo dirigen y lo conducen, usándolo como vehículo evolutivo para esta encarnación. Cuando morimos, muere el cuerpo, pero nosotros retornamos a un mundo en el cual nos sentimos realmente en casa, pues es nuestro verdadero hogar. El cuerpo humano es igual que un abrigo, nos lo ponemos cuando lo necesitamos, y nos lo quitamos de encima cuando ya no nos hace falta, o cuando ha cumplido la misión y función para la cual lo escogimos. No hay nada de doloroso o terrible en esto, visto desde el punto de vista del alma y resto de niveles que tenemos, aunque no podamos muchas veces entenderlo desde el punto de vista de nuestra mente analítica y el mundo de los sentidos.

Diferentes textos espirituales y antiguas tradiciones localizan la sede de la proyección de nuestra realidad en la glándula pineal, conectada a nuestro séptimo chakra, en la parte superior de la cabeza.

Nuestra consciencia, por otro lado, se ubica en la llamada esfera de consciencia, en el cuerpo mental, pero podemos mover esa conciencia hacia cualquier otra parte de nuestro cuerpo y tendremos la sensación de estar percibiendo el mundo desde esa otra parte. Vamos a explicar un ejercicio para hacer eso.

Mover la consciencia

Vamos a jugar un poco con la imaginación y a ver que sale. Primero vamos a notar la diferencia entre tener la consciencia concentrada en una parte del cuerpo, y mover esa consciencia a esa misma parte del cuerpo. Para ello, simplemente pon toda tu atención en tu mano derecha. Siéntela, intenta percibir tu mano tanto como puedas. Puede que notes todos los detalles de la misma, la tensión, la temperatura corporal, los huesos y tendones, pero date cuenta que es tu mente la que está recibiendo esas sensaciones al estar focalizada tu atención en la mano. Aun no estás “en la mano”.

Piensa ahora en tu consciencia como si fuera una bola de luz en el interior de tu cabeza, no le des demasiada importancia a lo que venga, la idea es imaginarnos ahora como esta bola de luz baja hasta la garganta, hasta el quinto chakra.

Visualízalo, imagínatelo. Puedes imaginar como si estuvieras enviando esa bola por un tobogán o por un conducto desde la cabeza hacia la garganta, de forma que tú, siendo esa bola, ves como tu perspectiva cambia, vas resbalando hacia abajo por ese tobogán y tu mente se queda ahí arriba. Trata de percibir como realmente tu cabeza se va alejando mientras tú llegas a la garganta al final del conducto.

Cuando hayas llegado al chakra de la garganta (sigue imaginando simplemente) notarás que tu perspectiva ha cambiado. Ahora es como si vieras el mundo desde tu cuello, y alrededor tuyo existen otras sensaciones que no existen cuando estás en el centro de tu cabeza. Intenta percibir como es tu garganta, y la suavidad de los tejidos que te envuelven.

Si esto no te sale las primeras veces, tu sigue imaginando, simplemente disfruta con este juego y ya irás notando las sensaciones que lo acompañan. Una vez estés en tu garganta, vuelve a la cabeza. Imagínate esa bola que es tu conciencia subiendo de nuevo por ese conducto hasta llegar a su lugar en la glándula pineal. ¿Notas alguna diferencia ahora con el entorno que te envuelve? Ahora ya no estás en la garganta sino en el centro de tu cabeza, el entorno es diferente, los tejidos, los huesos, la sensación es distinta, ¿puedes percibirla?

Un poco de práctica

Haz este recorrido todas las veces que quieras, hasta que puedas sentir realmente como tú conciencia y tu visión interna cambian desde la cabeza a la garganta. Y si te sientes cómodo, intenta ir más lejos. Envía tu conciencia a tu mano, a esa mano que antes has sentido, y ahora trata de estar y percibir el mundo desde el interior de tu mano. Haz que la bola baje de la garganta por tu hombro, tus brazos hasta tu mano, y trata de ver si percibes la diferencia. De vuelta hacia la cabeza, párate de nuevo en la garganta como punto de referencia, y vuelve a entrar en tu glándula pineal.

Este ejercicio es fantástico para aprender a mover nuestra consciencia interna, por todo el cuerpo, no solo concentrar la atención en una parte de el, sino estar en esa parte del mismo.