David Topí

Escritor, formador y director de la EMEDT

Cuando nos sentimos atacados

Por David Topí - 9 - Marzo - 2012 7:47 am

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Todos nos hemos sentido atacados en alguna ocasión. Emocional o anímicamente, me refiero. Es una de las cosas que cuestan más de asimilar y de integrar, sobretodo cuando no entiendes porqué las personas proyectan contra uno mismo parte de sus frustraciones, enfados o emociones varias que a veces no vienen a cuento. Esos “ataques” (por llamarlo de alguna forma), van directamente a herir, en la mayoría de los casos, alguna de las facetas de nuestro carácter. Puede ser que afecte a nuestro deseo de ser reconocidos, aceptados, queridos, escuchados, etc. Puede ser que afecte a nuestro deseo de supervivencia innato (activa mecanismos de defensa automáticos), o puede ser que afecten a arquetipos de nuestro ego (el ego entendido como la suma de personalidades que somos, a nivel mental) de introversión o de darnos la vuelta para no oír mas.

Reactivando patrones propios que hay que trabajar

Hace tiempo hablaba en esta otra entrada sobre la necesidad de examinar en nosotros mismos que tipo de reacción despierta ese “ataque” y porque nos afecta. En muchos casos estamos reactivando una parte nuestra que necesita trabajo pendiente de crecimiento personal ya que si algo nos hace saltar los plomos, los únicos responsables de la reacción somos nosotros, pues esa misma situación a otra persona puede dejarla totalmente indiferente.

Así pues, ¿porqué me genera esas ganas de esconderme, enfadarme, atacar de vuelta, o darle una patada a esa persona lo que me ha dicho o hecho?

Auto psicoanálisis

Hace años que aprendí una meditación cuando estudiaba los arquetipos del ego (ver artículos del 2007 o 2008 en los archivos del blog), en la cual “dialogaba” mentalmente con esas diferentes facetas de mi carácter. Empezaba diciendo, “a ver, ¿quien esta por ahí dentro ofendido por lo que nos han dicho o hecho hoy?”. Y salía mi Yo cobarde, por ejemplo. Pues en la meditación le hacia hablar, en plan terapia de grupo (hay que echarle imaginación, esto es un proceso de auto sanación interna y nada mas). Y mi Yo Cobarde decía, “pues me he sentido herido por tal y tal”. Y de repente salía mi Yo Guerrero, “y yo he salido a defendernos, porque ¿como se atreve a hacernos o decirnos tal cosa…?”, y luego hablaba el Yo “controlador”, ¡pues ahora vamos a pensar una estrategia para devolverle el ataque!!…etc..

Dejaba salir todo lo que las diferentes partes de mi tuvieran que decir. Y luego empezaba el análisis. Ok, pero si nos hemos (en la meditación, dirigiéndome a todos mis arquetipos), sentido así, será por algo!. ¿No será que tenemos por ejemplo una necesidad de ser escuchados que no esta siendo atendida? O no será que nos vemos reflejados en esa persona porque nosotros hemos hecho algo parecido? Y así seguía con todo lo que me venia a la mente.

Finalmente, la ultima parte de la meditación era la aparición del “alma”, o de la conciencia más profunda y más sabia de nosotros mismos. Aparecía de repente, cuando ya habíamos descargado, analizado y “sanado” el porque de las reacciones que habíamos tenido ante tal o cual situación. Y siempre era como un bálsamo de sabiduría.

Todo son lecciones

Las conclusiones siempre eran las mismas, primero, la persona que te ataca muchas veces esta proyectando sus propios miedos, frustraciones en la vida, problemas y deseos de ser aceptado, reconocido o querido. Muchas veces esos ataques ni siquiera son “personales”, sino que te han tocado por estar en el sitio en el que estabas en el lugar en el que estabas, o porque algo que tu has provocado, ha hecho saltar a esa persona por algo que tiene que resolver en ella misma. Entendiendo eso, entiendes mucho, pero mucho, de la naturaleza humana en las relaciones interpersonales. Es posible que hayas hecho de catalizador porque os necesitabais el uno al otro para hacer ese trabajo interno.

Y segundo, tu mismo has detectado en ti también una reacción que no esperabas consecuencia de un sentimiento que no sabias que tenias, y que necesitaba ser trabajado. Como siempre, nada pasa por casualidad. El universo te pone en bandeja millones de pequeños momentos en la vida para que aprendamos de todos ellos. Todo lo que nos sucede en esta vida es una pequeña lección, y todo lo que hay que hacer es obtener el conocimiento que nos ofrece.