Niveles de esfuerzo

Por David Topí - 7 - marzo - 2017 12:01 pm

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Nos habíamos quedado en el anterior artículo hablando sobre la energía que, el hecho de tratar de buscarse a uno mismo, conocerse y comprender las razones más profundas del porqué de la existencia de cada uno son el motor para el avance, no solo el personal, sino de la octava y proceso global que rige la evolución de todos nosotros. Si esto es así, la pregunta entonces es, ¿por qué es tan difícil que nos dediquemos en cuerpo y alma a esta búsqueda? La respuesta ya la sabéis o intuís: es necesario que sea un proceso “difícil”, que solo venciendo las resistencias internas y las programaciones, manipulaciones, interferencias, etc., pueda llevarse a cabo, para que realmente su fruto, el resultado del esfuerzo realizado, convierta la energía de la búsqueda en la energía de la transformación interna, de la expansión de consciencia y del crecimiento a todos los niveles.

Cambios mediante la voluntad

Esto es debido a que la energía que necesitamos para ejecutar cambios profundos en nosotros mismos es una energía y potencial que se requiere que posea una cierta calidad, algo que ya hemos mencionado, pero esa calidad no se consigue sino aplicando un esfuerzo de voluntad de un cierto grado para conseguirla.

Para poder aplicar el poder de voluntad al proceso de querer avanzar, es necesario que algo frene o interfiera, de alguna forma, en tu avance, de manera que el choque de energías produzca una cierta diferencia de potencial que, si es positivo a tu favor, (es decir, si en el choque entre lo que tú “empujas” para conseguir o hacer algo en ti respecto a lo que te frena, sale tu voluntad ganando), sea aplicado a la energía resultado, y dé como producto el octanaje adecuado para que el sistema multidimensional que somos lo use para su transformación. En otras palabras, si no hubiera que hacer ningún esfuerzo para evolucionar, crecer, avanzar, etc., no se produciría de ninguna forma este proceso, porque el combustible que hace falta sale de la fuerza que se pone, junto con la intención, propósito y voluntad de hacerlo, en ello.

Diferentes niveles de exigencia para el camino de Hércules

Existen muchos niveles de crecimiento donde la exigencia para llegar a ellos es diferente. Así, el ser humano medio, despreocupado de todo aquello que, en general, no sea más que gestionar su día a día de la mejor forma posible, en el plano terrenal exclusivamente, necesita ciertos esfuerzos para llegar a conseguir unos ciertos objetivos “terrenales”.

En otro nivel, el ser humano medianamente entregado en su camino interior, necesita otro tipo de esfuerzo mucho mayor para llegar a conseguir sus objetivos “de crecimiento”, de igual forma que no hay que esforzarse lo mismo para subir un montículo que para escalar una montaña. En niveles más allá, aquel que basa su vida en su transformación interior como base de su existencia, necesita hacer esfuerzos y desarrollar una voluntad y constancia más grande, mucho más, para ver logrado su objetivo. De alguna forma, como ya podemos deducir, a mayor intento por soltar lastre, reconectarnos con los otros niveles de nosotros mismos, completar lecciones pendientes, completar y finalizar “karma” (acciones, experiencias, lecciones que tenemos incompletas en el resto de nuestras existencias), más arduo se plantea el camino de Hércules para cada uno de nosotros.

Esto, en general, creo que va en contra de muchas enseñanzas donde a priori, todo lo “espiritual y evolutivo” parece que se percibe como algo “fácil”, y que tendría que estar al alcance de todo el mundo. Mi percepción y experiencia en mi propia realidad es que es todo lo contrario, lo fácil es gestionar el plano terrenal y sus causas y efectos, ya que es el nivel en el que existimos por defecto y el que nos viene dado de serie. El resto de la estructura de la realidad, el resto del conocimiento sobre como funciona la vida, el universo, los otros niveles del ser humano, son los que hay que trabajar para adquirir de forma constante y superando obstáculos que nacen de nosotros mismos, pues si queremos transformarnos, encontrarnos y conocernos, lo que nos impide hacerlo no está en ningún sitio más que en nuestro interior.