Sincronicidades que nos bloquean

Por David Topí - October - 7 - 2009

Uno de los mayores regalos de esta vida, como seres humanos, es el libre albedrío. Hacer lo que queremos cuando queremos. Lástima que a veces hacer lo que uno quiere cuando quiere no siempre resulta fácil. Pero nadie nos impide que lo intentemos con todas nuestras fuerzas.

Cuando empecé a notar sincronicidades por doquier en mi vida en eventos y acontecimientos que me ayudaban a conseguir mis objetivos o a obtener lo que deseaba, empecé también a ver que, sin embargo, la fuerza de la sincronicidad, también obra para impedir que hagamos algo, sobre todo cuando es perjudicial para nosotros, aunque no lo sepamos.

Historias sobre atascos monumentales que te hacen perder un avión, sobre averías de transporte que te impiden llegar a un sitio al que quieres ir, papeles en la aduana que te piden sin saber por qué haciéndote perder valiosas horas, personas que te bloquean de mil maneras que hagas algo que tenías previsto, llamadas que te hacen cambiar los planes en el último momento, etc. Parece que este tipo de sincronicidades son aún más espectaculares, porque aquellos que las han sufrido se han dado cuenta, que, en algunos casos, les han podido llegar a salvar la vida.

Cuidan de nosotros

Es curioso cómo el universo, que siempre parece tenernos controlados, se las ingenia para obstruir nuestro camino cuando, debido a nuestro libre albedrío, actuamos o vamos por sendas por las que se supone no deberíamos pasar. En cierta manera, es gratificante sabernos protegidos de eventos extremos que pueden tener grandes consecuencias en nuestra vida, normalmente negativa, pero es también complicado entender cómo, y por qué, podemos llegar a encontrarnos en estas situaciones tan in-extremis que puedan suponer un peligro para nuestra vida.

La respuesta está en que nuestro libre albedrío prevalece por encima de todas las cosas. Nuestras decisiones sobre qué hacer, dónde ir, cómo actuar y demás son sagradas, para el universo, para la vida, para nuestro destino. Nada puede interferir en ellas, y nada nos impide que aun sabiendo que a un avión de hace 20 años le fallan los motores cada día, nos subamos en él e intentemos que nos lleve al otro lado del Atlántico ignorando el obvio peligro que el sentido común nos dice que corremos.

Pero en el caso de situaciones del día a día, viajes que planificamos, cambios de rumbo que decidimos tomar, etc., nuestro sentido común no tiene por qué avisarnos que algo puede pasar. ¿Por qué vamos todos los días por la calle principal y esa noche de vuelta a casa te da por meterte por los callejones más oscuros de tu barrio para acortar camino? ¿Y qué es lo que hace que de repente se cruce contigo un amigo y se ofrezca a llevarte en coche hasta tu casa?

El universo “vela” por nosotros, básicamente porque tenemos muchas cosas que aportar, muchas cosas que cumplir, y muchas cosas que hacer en nuestra vida, y evidentemente hemos de cumplirlas, en la medida de lo posible. ¿Por qué iba a dejar que nos montáramos en un avión que presumiblemente va a tener un accidente si nuestro camino no se encuentra en ese sitio? Es duro aceptar que a veces tengamos que sufrir accidentes o infortunios para que nuestra vida dé un giro radical, o para que nos demos cuenta de algunas cosas, pero ¿y si es necesario para las personas que van a viajar en ese avión pero no para ti?

Luchando contra viento y marea

He oído casos de personas que han luchado contra viento y marea para conseguir algo, y cada vez el obstáculo que se les aparecía delante era más complicado y más insalvable, por mucho que se empeñaran en superarlo. Cuando haciendo uso de su fuerza de voluntad, recursos y todo lo que se le venía a la cabeza conseguían solucionar el problema, de repente, aparecía otro.

Es de sabios reconocer este tipo de situaciones, es de sensatos no luchar contra ellas. Se dice que cuando la vida te pone pequeños obstáculos, son lecciones a superar, para hacernos más fuertes, para que aprendamos algo, para que evolucionemos. Es importante luchar contra esos obstáculos, eso es lo que hicieron al principio muchas de las personas con las que hablé, porque si todo fuera un camino de rosas nunca aprenderíamos a esforzarnos por nada, y nunca desarrollaríamos talentos, habilidades y herramientas para desenvolvernos por la vida. Pero cuando los obstáculos se convierten en montañas, hay que saber darse cuenta de que no es una indicación para que nos esforcemos más, sino para que demos la vuelta. Los grandes obstáculos indican un camino erróneo. Estamos totalmente perdidos, en otra parte del laberinto de la vida que nos aleja tanto de nuestro camino que el universo no tiene otro remedio que bloquear nuestras salidas, hacernos volver para atrás, y tratar de reconducir nuestros pasos.

En este caso nuestro libre albedrío sigue ahí, intacto, podemos seguir luchando contra los elementos, tomar rutas alternativas, saltar o excavar pasadizos para pasar por debajo de la montaña, pero de alguna forma, nuestra vida será ardua, dura, llena de complicaciones, con mil tormentas que capear y con ninguna ayuda para ello. Si así es como te sientes en tu vida en estos momentos, plantéatelo, quizás has tomado tantas decisiones en la dirección que no era la más adecuada, que estás fuera de pistas, en medio de un bosque en el cual cada vez hay más árboles que solo te invitan a que vuelvas hacia atrás sobre tus pasos y reconduzcas tu camino, porque entre ellos no hay ni un hueco para pasar. El universo no te obliga a que des la vuelta, pero si realmente vas errado, te pondrá todas las señales que pueda en forma de obstáculos hasta que te lo hagas por ti mismo y endereces tu dirección.

¡sigue la flecha correcta!

Entre dos mundos

Por David Topí - October - 2 - 2009

Querer cambiar de trabajo o de profesión de forma radical no es algo fuera de lo común en mucha gente. Profesionales que se han pasado años trabajando de una cosa de repente descubren que su pasión es otra, nada que ver con lo que siempre han estado haciendo, y no ven la forma, por el gran impacto que pueda tener en sus vidas este cambio radical de actividad, de llegar a conseguirlo.

Personalmente me ha sucedido, pasar del campo de la ingeniería al campo de la ayuda directa a personas ( a través del coaching, a través de escribir libros y artículos y blogs como este), y, es curioso, como en muchos de los casos que he visto, como las profesiones a las cuales uno desea llegar están bastante relacionadas con actividades que permiten la expresión total de uno mismo: escribir, pintar, componer música, ayudar a otros, etc.  No creo que sea casualidad, más bien estoy convencido que cada vez más las personas buscamos los canales de expresión más adecuados para expresar nuestras aficiones, talentos, valores y habilidades, y con lo que nos sentimos a gusto, y es por ello que cada vez hay mas valientes dispuestos a salir de su zona de confort y emprender el camino a esa nueva profesión que realmente les llena.

Entre dos mundos

El problema de estos cambios es que, mientras vamos empezando a crear nuestra nueva profesión, aun debemos mantener la antigua, en la mayoría de los casos, para seguir teniendo la seguridad económica y estabilidad que mentalmente uno siempre necesita. Así, empezamos a escribir de noche, componemos música y tocamos con los amigos el fin de semana, pintamos alguna tarde que otra o asistimos como voluntarios en uno u otro sitio cuando podemos. Intentamos hacer crecer la parte de la balanza de la profesión que queremos poco a poco, hasta que va cogiendo peso y poniendose a la altura de la profesión que ahora tenemos. ¿ Y que pasa entonces? Entramos en el “limbo”. Entramos en una situación en la que mentalmente estamos entre dos mundos: nuestro trabajo actual que lleva la inercia, responsabilidades y actividades que ha conllevado siempre, y el nuevo trabajo o profesión, que ha crecido hasta pedirnos parte de nuestros recursos.

Nos encontramos escribiendo el doble de horas, pasando absolutamente todas las tardes pintando cuadros, todas las noches componiendo música, etc. Pero eso también nos desorienta, no existe una “profesión” dominante en este sentido y empezamos a quejarnos de no tener tiempo para nada, de que en nuestro trabajo actual estamos quemados, que queremos irnos de ahí como sea para dedicarnos a lo que realmente nos gusta, pero aun no podemos, porque aun la balanza no estáinclinada lo suficiente del lado de nuestra nueva profesión para permitirnos dejar la antigua. Se produce un bloqueo mental y a partir de ese momento ninguna de ambas profesiones avanza en ningun sentido. Estamos estancados.

Tomar una decisión “mental”

Está claro que a nivel “material” no podemos aun vivir 100% de lo que queremos, y por eso no podemos aun dejar nuestro trabajo actual, pero eso no tiene porque implicar que nos quedemos en ese “limbo” mental estancados. Hay que tomar una decisión, hacer un cambio y dejar de identificarnos con lo que eramos (aunque todavía lo estemos haciendo) y empezar a identificarnos al 100% con lo que queremos ser. A partir de ahora, tenemos que pensar en nosotros, y presentarnos a los demás como ese pintor, escritor, coach o músico ( o lo que sea), que, de momento, trabaja de administrativo, ingeniero o lo que sea.  Porque esa balanza es totalmente imaginaria, y al ser imaginaria no tenemos más que ponerle mas peso en el lado de lo que queremos ser para que se incline hacia ahí.

Es decir. Tienes que empezar a verte a ti mismo, a hablar de ti mismo, a tratarte a ti mismo de la forma que lo harías si ya fueras y estuvieras ejerciendo tu nueva profesión. Haz el cambio mental, deja de identificarte con la antigua actividad. Aunque todavía la ejerzas, ya no eres lo que esa profesión representa, sino que eres parte de la nueva.

Aunque pueda parecer una tontería, poner tu nueva actividad, de forma mental, como la prioritaria, la que tu eres, de la que vas a llegar a vivir tarde o temprano elimina todo el estrés que genera cada día el tener que hacer algo que no nos gusta y esperar a la tarde para hacer lo que queremos. Simplemente estoy haciendo un trabajo que me sirve como herramienta (económica en la mayoría de los casos) para poder dedicarme en realidad a conseguir lo que deseo.

Si estás entre dos mundos, sal del limbo, decide que quieres ser y ponlo como tu primera prioridad, mientras poco a poco se construyen las infraestructuras que te permitirán vivir de ello. En momentos en los que aun no se ha conseguido algo, pretender que ya se ha conseguido, a nivel mental y personal, requiere más valor y coraje, pero es la única forma de avanzar en la dirección en la que queremos hacerlo.

Feliz cambio! :–)

  • RSS
  • Delicious
  • Digg
  • Facebook
  • Twitter
  • Linkedin
  • Youtube