Nuestra conciencia, espíritu o alma no es parte de nuestro cuerpo físico. Cuando morimos, muere el cuerpo, pero nosotros retornamos a un mundo en el cual nos sentimos realmente en casa, pues es nuestro verdadero hogar. El cuerpo humano es igual que un abrigo, nos lo ponemos cuando lo necesitamos, y nos lo quitamos de encima cuando ya no nos hace falta, o cuando ha cumplido la misión y función para la cual lo escogimos. No hay nada de doloroso o terrible en esto, visto desde el punto de vista del alma, aunque no podamos muchas veces entenderlo desde el punto de vista de nuestra mente analítica y el mundo de los sentidos.
La esencia de la glándula pineal
Diferentes textos espirituales y antiguas tradiciones localizan la esencia del alma en la glándula pineal, en nuestro tercer ojo, en el chakra de la frente (detrás del entrecejo, en el centro de la cabeza).
Que nuestra conciencia, lo que llamamos el YO Interior, se encuentre a la altura de los ojos nos da la perspectiva que tenemos del mundo real, pero podemos mover esa conciencia hacia cualquier otra parte de nuestro cuerpo y tendremos la sensación de estar percibiendo el mundo desde esa otra parte. Vamos a explicar un ejercicio para hacer eso.
Mover la conciencia
Vamos a jugar un poco con la imaginación y a ver que sale. Primero vamos a notar la diferencia entre tener la conciencia concentrada en una parte del cuerpo, y mover esa conciencia a esa misma parte del cuerpo. Para ello, simplemente pon toda tu atención en tu mano derecha. Siéntela, intenta percibir tu mano tanto como puedas. Puede que notes todos los detalles de la misma, la tensión, la temperatura corporal, los huesos y tendones, pero date cuenta que es tu mente la que está recibiendo esas sensaciones al estar focalizada tu atención en la mano. Aun no estás “en la mano”.
Piensa ahora en tu conciencia o en tu yo interior como si fuera una bola de luz en el interior de tu cabeza, no le des demasiada importancia a lo que venga, la idea es imaginarnos ahora como esta bola de luz baja hasta la garganta, hasta el quinto chakra.
Visualízalo, imagínatelo. Puedes imaginar como si estuvieras enviando esa bola por un tobogán o por un conducto desde la cabeza hacia la garganta, de forma que tú, siendo esa bola, ves como tu perspectiva cambia, vas resbalando hacia abajo por ese tobogán y tu mente se queda ahí arriba. Trata de percibir como realmente tu cabeza se va alejando mientras tú llegas a la garganta al final del conducto.
Cuando hayas llegado al chakra de la garganta (sigue imaginando simplemente) notarás que tu perspectiva ha cambiado. Ahora es como si vieras el mundo desde tu cuello, y alrededor tuyo existen otras sensaciones que no existen cuando estas en el centro de tu cabeza. Intenta percibir como es tu garganta, y la suavidad de los tejidos que te envuelven.
Si esto no te sale las primeras veces, tu sigue imaginando, simplemente disfruta con este juego y ya irás notando las sensaciones que lo acompañan. Una vez estés en tu garganta, vuelve a la cabeza. Imagínate esa bola que es tu conciencia subiendo de nuevo por ese conducto hasta llegar a su lugar en la glándula pineal. ¿Notas alguna diferencia ahora con el entorno que te envuelve? Ahora ya no estás en la garganta sino en el centro de tu cabeza, el entorno es diferente, los tejidos, los huesos, la sensación es distinta, ¿puedes percibirla?
Un poco de práctica
Haz este recorrido todas las veces que quieras, hasta que puedas sentir realmente como tú conciencia y tu visión interna cambian desde la cabeza a la garganta. Y si te sientes cómodo, intenta ir mas lejos. Envía tu conciencia a tu mano, a esa mano que antes has sentido, y ahora trata de estar y percibir el mundo desde el interior de tu mano. Haz que la bola baje de la garganta por tu hombro, tus brazos hasta tu mano, y trata de ver si percibes la diferencia. De vuelta hacia la cabeza, párate de nuevo en la garganta como punto de referencia, y vuelve a entrar en tu glándula pineal.
Este ejercicio es fantástico para aprender a mover nuestro espíritu, nuestra conciencia, por todo el cuerpo, no solo concentrar la atención en una parte de el, sino estar en esa parte del mismo.
Siguiendo con lo que hablábamos en la entrada anterior sobre los chakras, es fácil comprender porque el chakra del corazón es la clave del sistema energético para nuestra conexión con los otros niveles espirituales. Simplemente porque es el encargado de vibrar y procesar el mismo tipo de energía de la cual todo está hecho: el amor.
He resaltado en varias ocasiones que cuando hablamos del amor no me refiero solo a un concepto romántico, de cuanto nos queremos los unos a los otros. En todo caso este concepto es la representación terrenal de algo mucho más importante. El amor es una frecuencia, una energía, que todos sentimos cuando amamos, cuando queremos a alguien de verdad y que es la fundacion del universo.
¿De que esta hecho el universo? ¿De éter? ¿De materia negra? ¿De espacio vacío? Todo lo que existe tiene su fuente en la energía estable y no latente de lo que nosotros conocemos como la energía del amor. Se puede “medir” en cierta forma porque tiene las cualidades que tiene todo tipo de energía, aunque no sepamos como hacerlo, y es de esta energía que esta formado todo lo que existe: el universo, galaxias, planetas, personas, plantas, animales, etc.
Todos tenemos la frecuencia del amor como componente básico de los núcleos energéticos que combinados, vibrando a una u otra frecuencia, estando en un estado mas o menos sólido, forman todo lo que podemos conocer y observar, y también lo que no. Es por ello que si queremos dar un paso mas allá e ir aun mas profundamente al interior de nuestro ser, debemos empezar a trabajar en el chakra del corazón.
El mayor campo energético
Físicamente el chakra del corazón esta ubicado muy cerca de este órgano: el corazón, que además, como parte indispensable del cuerpo humano y como elemento energético que es, también genera su propio campo electromagnético, el mayor y mas amplio de todos los que generan el resto de órganos. Según un estudio del Instituto HeartMath , el corazón emite una especie de campo de mas de un metro de diámetro en forma toroidal como el que podéis ver en la figura siguiente.

Este campo electromagnético permite la conexión de nuestro corazón, con su chakra correspondiente, con realidades superiores en el interior del mismo que nos abre el camino a la exploración del universo. Es como un pasadizo en el cual podemos ir abriendo puertas, para ir cada vez mas adentro, o mas afuera, porque en realidad lo que estamos haciendo cuando entramos a explorarnos a través del chakra del corazón, es expandir nuestra conciencia y abarcar cada vez más, espacios más bastos del ser.
Es un viaje alucinante y lleno de sorpresas, porque uno descubre que se puede llegar “allá afuera” yendo por “aquí adentro”. Sin palabras
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