Manifestando la realidad a partir del poder de las palabras

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Os decía en un post anterior:

De los rishis, o sabios de la antigua India, se decía que tenían extraordinarias habilidades, llamadas siddhis. Una de ellas era el vac-siddhi (vac=voz), por el cual cualquier cosa que el rishi dijera se convertía en realidad. Algunas veces, sólo con pronunciar una palabra, un rishi podía materializar un ejército completo, por lo qué, para estas tradiciones, la palabra pronunciada era considerada sagrada, poderosa e inalterable.

¿Cómo puede ser esto posible? ¿Cuál es la mecánica detrás del vac-siddhi? Vamos a verlo ahora tras la introducción del artículo anterior al concepto de la resonancia armónica.

Cada cosa tiene su frecuencia

Imaginaros un piano extremadamente largo. Como sabemos, con cada nuevo DO, en cada octava que tuviera el piano, la frecuencia se dobla, dando lugar a notas cada vez de mayor y mayor vibración. En pocas octavas, cuando estuviéramos tocando el piano poco más allá de la quinta octava, no podríamos oír ya con nuestros sentidos el sonido emitido, pues quedaría fuera del rango auditivo de la mayoría de personas, aunque quizás aún algunos animales seguirían oyendo nuestro piano tocado en esas notas. Si seguimos tocando, pero moviéndonos cada vez hacía octavas más altas, llegaría un momento en el que, al pulsar la tecla, crearíamos un sonido que llegaría a perturbar las emisiones de radio, de televisión y de radar, causando interferencias en ellas. Si nos movemos a la octava 42 del piano, al tocar el DO estaríamos generando literalmente frecuencias altísimas en el aspecto del rojo y llegaríamos a generar calor. Si seguimos subiendo, llegará un momento en el que al tocar la nota DO estaríamos generando la frecuencia del hidrógeno, y si tocamos la nota LA estaríamos generando la frecuencia del oxígeno. Si llegamos a tocar correctamente ambas notas, superponiendolas en el orden, tono y con la energía adecuada ambas vibraciones, nuestro piano sería capaz de manifestar agua “mágicamente”.

Y es que todo lo creado, lo que vemos y lo que no vemos, no es más que la suma de ciertas notas en el teclado universal de la creación. Si queremos reproducir la creación de agua, o de un ejercito, según cuentan los textos orientales sobre los poderes llamados siddhis, tenemos que conocer la frecuencia exacta en la que aquello a ser creado existe en los niveles energéticos, y trasladar esa concordancia a las frecuencias audibles del sonido capaces de ser emitidas por el ser humano. Por el principio de resonancia del que hablamos en el post anterior, al pronunciar correctamente una palabra determinada que corresponda al agua, con la frecuencia, energía, tono y demás características adecuadas, por ejemplo, literalmente podríamos crear agua.

¿Puede todo el mundo hacer esto?

Evidentemente no. Ni aunque nos dieran un diccionario con todas las palabras de poder a cada uno de nosotros. ¿Porqué? Por qué todo depende del poder manifestador que tenga una persona según su propia frecuencia de vibración, lo que es lo mismo que decir que depende de su nivel evolutivo, de consciencia y de energía.

Una persona normal cuando habla es capaz de crear distorsiones en el aire, es obvio, de lo contrario no nos podríamos escuchar los unos a los otros (otra cosa es que nos entendamos), pero tiene poco o nulo efecto en los planos no físicos que vibran a frecuencias más altas. Por el contrario, aquellos cuyo nivel evolutivo ha alcanzado un cierto estado, sean iniciados, adeptos, o como diferentes escuelas los llamen, si que consiguen establecer e influenciar los niveles y planos no físicos superiores porque ellos mismos, a través de su sistema energético, ya han accedido por su propio desarrollo personal a la conexión con esos otros planos de forma consciente. De esta manera, cuando una persona altamente desarrollada habla, si que provoca repercusiones en los planos no físicos y, si sus palabras conectan, resuenan o están acordes a las frecuencias de lo que desee “activar”, podrá ponerlo en marcha y hacerlo “moverse” y descender a la realidad sólida. Acordaros de este otro artículo donde hablamos de como el plano físico siempre es el plano de los efectos, nunca de las causas, y como todo lo que se origina a nivel “terrenal” y sólido, ha tenido siempre un origen energético.

Cuando alguien con el nivel adecuado hace vibrar, con una palabra, a través de su voz y de la frecuencia correcta un arquetipo causal o mental, un bloque de energía emocional, o una forma etérica, la pone en marcha y la atrae hacía su manifestación física, y ese es el origen de las leyendas y mitos en los que figuras históricas hacían aparecer de la nada todo aquello necesario para cubrir sus necesidades y los de aquellos que les seguían. Si habéis leído el libro de Baird T. Spalding “Vida y Enseñanzas de los Maestros del Lejano Oriente” sabréis a lo que me refiero, pues dan numerosos ejemplos de antiguos monjes tibetanos alimentando grupos de personas sin tener nada a mano, más que el poder de materializar los alimentos desde el “éter”.

Quizás en algún momento de nuestro camino evolutivo, el ser humano llegue, en su totalidad, a los niveles de consciencia necesarios para tener el poder de manifestar con la voz formas causales, mentales, emocionales o etéricas, y comprobar así de primera mano este mecanismo. Personas individuales a lo largo de la historia lo han poseído y usado para el bien de muchos, y es posible que, en futuros momentos, otros muchos vayan empezando a comprender su uso y función. De momento, que sepamos que está ahí, latente, como parte de los procesos que rigen la interconexión entre los planos y dimensiones en los que todos tenemos entrelazada nuestras existencias.

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