David Topí

Tratando de entender el mundo que no vemos

David Topi

Cada vez que tengo la oportunidad, y la ayuda, de tener percepciones de la nueva realidad a la que vamos, nuevo nivel evolutivo, nueva densidad, aunque sea solo por unos pocos minutos, vuelvo con la impresión de que, literalmente, esto de irnos a una “nueva Tierra” es como irte a vivir a otro país.

Anoche, en una meditación con unos compañeros, nos guiaron para que, la energía conjunta del grupo, elevara la vibración lo suficiente como para “conectarnos” de nuevo, sintonizar este nuevo barco, y recoger cuatro impresiones del entorno existente en ese próximo nivel evolutivo, de conciencia y  vibracional, al que nos estamos acercando.

Todo lo viejo y actual, se queda atrás

La sensación, filtrada y acotada por mis propios procesos mentales y mi propio entendimiento y decodificación de lo que percibo, es la de una enorme liberación, la de dejar atrás el mundo que, a lo largo de cientos de encarnaciones, hemos conocido, luchado, aprendido y experimentado. Anoche me fui a dormir como quien está listo para dejar todo en esta existencia actual, coger el avión y marcharse a ese nuevo país, sabiendo que nada nos hace falta llevar con nosotros, y, que el tiempo que resta en este entorno actual, cada vez más llega al punto donde, literalmente, no importa más que suceda en el viejo barco, sino que solo tiene sentido prepararse para largarnos al nuevo. Que conste, una vez más, que esa es mi percepción personal.

La sensación, también, “estando” en esa nueva Tierra, es que todo lo anterior, lo actual, lo vivido, queda muy lejos. Esto es literal. Ayer durante unos 15 minutos, que me sentí “teletransportado” (de nuevo, no lo toméis al pie de la letra, es una interpretación subjetiva de lo que sentí) a la nueva Tierra, la vieja se sentía a años luz, y había perdido toda su razón de ser. Sabia que seguía existiendo, nada se desvanece por arte de magia, el mundo actual no “desaparece”, sino que somos nosotros los que nos vamos del mismo hacia otro, que ahora mismo no vemos cuando estamos en nuestro estado de vibración normal.

Es la misma sensación que cuando uno pasa de un curso a otro, en la misma escuela, dejas de asistir a las aulas del tercer piso y empiezas a asistir a las aulas del cuarto. Además, lo que ya has estudiado queda atrás y no le prestas atención, pues todo tu entusiasmo y motivación están puestos en el nuevo año escolar que tienes por delante, y lo que suceda a partir de ahora en ese tercer piso, para ti no son más que ecos lejanos de un sitio por donde, en algún momento, también pasaste en el camino de tu estudios de crecimiento personal.

Como cambiar de país, pero esta vez sin equipaje

Al igual que como cuando coges un avión para irte a vivir a otro país, tu país de origen sigue estando en su sitio, tu ciudad sigue su vida normal, sus habitantes siguen a su rollo con sus quehaceres diarios, la vieja Tierra sigue con sus cosas mientras parte de la humanidad se va moviendo a la nueva.

Se que volvemos a la pregunta de siempre, ¿notarán en mi ciudad, en mi entorno, que me he ido del país? ¿me echarán de menos o se acordarán de que alguna vez viví ahí? He dejado de tratar de tener una respuesta clara para esa pregunta, hasta que no comprenda del todo como funciona la pasarela de paso entre ambos mundos y como se produce la transición final, cuando podamos literalmente abandonar para siempre el barco viejo y no volver más al mismo.

En las ocasiones que he podido conectarme con esa nueva Tierra, yo me siento “teletransportado” vibracionalmente, estando en meditación. Las paredes de mi oficina se transforman en un verde prado y, literalmente, me siento “aparecer” de la nada en él (eso sucedió anoche). Se que hay quienes están ya habitando ese nuevo nivel de realidad, pero no estoy seguro que sean humanos que han transicionado antes (igual me equivoco) sino otro tipo de seres que vienen a hacer el cuarto curso evolutivo en nuestro planeta y que han llegado antes que nosotros. Ya veremos si algún día puedo explicar más al respecto cuando conozca más cosas.

Hace unas semanas, en otra meditación, aquellos que nos asisten me regalaron unos prismáticos. La verdad es que no sabia bien bien que hacer con ellos, durante unos días estuve haciendo experimentos de visión remota pues pensaba que me indicaban que trabajara esa técnica, pero ayer me vino que, más bien, tiene pinta de ser la analogía para explicar que puedo empezar a otear ya regularmente la nueva realidad y traer mis impresiones y aprendizajes de vuelta por si a alguien le pudieran servir en su propio proceso de conexión.

Y es que, como dice El Principito, “lo esencial es invisible a los ojos, solo se ve bien con el corazón”.