
Recientemente he empezado a incorporar en mis lecturas de vidas pasadas (una lectura específica a través de los Registros Akashicos de una persona para conocer mas sobre su proceso de aprendizaje y desarrollo) lo que podríamos llamar el “nivel evolutivo del alma”. Más que del alma (la parte energética encarnada en el cuerpo durante una vida), es el nivel evolutivo “global” de nuestro Yo Superior, pero vaya, para lo que nos interesa es básicamente lo mismo.
Si habéis leído los libros de Michael Newton, es sus trabajos descubrió que ciertas “almas” parecían estar mas “avanzadas” y se distinguían debido al tono cinético del color de la energía que, como almas, emanaban. El doctor Newton, a partir de sus observaciones elaboró una clasificación de los diferentes tonos y niveles que había podido observar y creo una tabla de seis etapas. Cuando leí esa clasificación decidí comprobarla en las lecturas que hacia y empecé a preguntar cual era el nivel evolutivo de la persona para que la que estaba leyendo.
Un proceso bien definido
Para mi sorpresa, las respuestas fueron bastante claras. Digamos que cada Yo Superior de cada persona que leía me podía indicar en que nivel, desde nuestro punto de vista y basado en la tabla del Doctor Newton, se encontraba. Por mi parte, para refinar el proceso, empecé a preguntar además por porcentajes evolutivos dentro de cada uno de esos niveles para entender mejor como iba avanzando un alma en su camino de aprendizaje.
La idea es que nuestro Yo Superior tiene muy claro que antes de poder pasar a “otros niveles” (experiencias en dimensiones superiores, pongámoslo así), debe completar una serie de aprendizajes en nuestra tercera dimensión, en este nivel de juego. Haciendo la analogía con un juego de ordenador, para poder pasar a pantallas superiores, debes haber superados los niveles inferiores, acumulado las armas y la experiencia que necesitas, llevar contigo ciertos recursos y conocer bastante sobre como funcionan las reglas antes de poder jugar en divisiones mas altas. Si a este proceso completo evolutivo le asignamos un porcentaje, el 0% sería el momento de la primera encarnación de nuestro Yo Superior, y el 100% sería el momento del fallecimiento de la última, cuando se han completado absolutamente todas las lecciones deseadas y se han recogido todas las experiencias necesarias.
Nivel de Evolución del Alma
Así, si combinamos ambos conceptos nos sale la siguiente tabla:
Los porcentajes de cada nivel no son inventados ni aleatorios. Están extraídos de mi propio registro y comprobado con las lecturas que son “estándar” para definir la evolución de todos nosotros. Como veis los pasos del nivel II al III y del V al VI son mas rápidos que los otros. En estos niveles las lecciones pueden ser mas cortas o mas intensas, por lo que también pueden ser mas “duros” en el sentido que aprendemos algo de forma mas concentrada.
Interpretando el resultado
A todos nos gusta que nos digan que somos almas avanzadas y que hemos completado ya el 90% del proceso que nos hará graduarnos en está escuela tercer-dimensional. Bueno, aun no he leído para nadie aún en Nivel VI, aunque si muchos en Nivel IV y V. No tiene mayor trascendencia, nuestra vida no va a cambiar porque sepamos que aun nos queda mas o menos por evolucionar y aprender, y sobretodo teniendo en cuenta el concepto de vidas paralelas que expliqué en otra entrada y que está muy desarrollado en mi último ebook. Es un dato mas para conocernos, y de alguna forma ya podemos intuir en nuestro interior si estamos aun a principio de curso, a medio camino o en las últimas asignaturas. A todos los que venís a una lectura os indico claramente las lecciones y aprendizajes de esta vida, y eso es lo que nos importa en estos momentos, pues esas son las situaciones que nos vamos a encontrar y que nos harán avanzar, si las pasamos, o volver a repetirlas, si no lo hacemos.
Una de las razones más comunes para algunos de los problemas que tenemos, y sobretodo, para cierto tipo de emociones y sentimientos que surgen en nosotros y que no nos hacen sentir precisamente bien, son anclajes en nuestra aura de lo que llamamos almas o entidades negativas.
Puesto que vivimos en un universo dual de libre albedrío, no pueden existir almas positivas si no existen almas negativas. Ambos extremos son reflejos de las polaridades que gobiernan este juego en el que estamos metidos. No se puede “eliminar completamente” a la oscuridad, porque entonces “la luz desaparecería y dejaría de existir. La solución pasa por poner ambas polaridades en balance constante, algo que desafortunadamente en estos momentos está lejos de ser una realidad en nuestro planeta.
Como ya he comentado en otras entradas, las entidades negativas son simplemente seres, o almas, que dependen de la energía de otras personas o entidades “positivas” para “alimentarse” y “sobrevivir”. Cuando poseen la fuerza suficiente para desplazar al alma original del cuerpo, sucede lo que llamamos un intercambio de almas, cuando no la tienen, simplemente están enganchadas a nuestros cuerpos sutiles. Pero para que esto ocurra, hemos de darles permiso.
No somos victimas inocentes
En las primeras lecturas de registros Akashicos realizadas en mis inicios simplemente descubría esta entidad negativa, averiguaba como estaba afectando a la persona y la “desconectaba” de ella sanando el campo energético y reparando aquellos daños que esta entidad hubiera podido causar. Sin embargo, con el tiempo, al investigar más la causa por la cual estas entidades se anclaban a una persona y no a otra, comprendí que era porque les habíamos dado permiso. Inconsciente, es cierto, pero permiso al fin y al cabo.
Para que un ente “negativo” se ancle a nosotros hemos de darle permiso. ¿Como lo consiguen? Normalmente engañándonos (a nuestra alma, se entiende). Pueden hacerse pasar por entes positivos, por nuestro Yo Superior, por guías, por lo que sea, y nos pueden prometer el oro y el moro. Normalmente hay unas cuantas razones por las cuales aceptamos este anclaje, y las más comunes nos dicen mucho de las necesidades humanas más profundas: amor eterno, cariño, compañía y salvación “eterna”.
La mente consciente probablemente no se da cuenta de “esta negociación”, pero el alma que somos puede aceptar este enganche sin conocer sus consecuencias porque ha sido “engañada”, evidentemente, para obtener algo que jamás una entidad negativa podrá darle. Otras razones menos comunes y que se encuentran en encarnaciones “algo menos avanzadas” son permitir el anclaje a cambio de poder, o incluso beneficios materiales. No es tan común, pero ocurre.
Porque nos dejamos engañar
Cuando estamos en una encarnación, dentro del cuerpo humano, en este magnifico traje que usamos para expresarnos en el mundo, tenemos las limitaciones que nos impone nuestro Yo Superior para esta vida, y tenemos bloqueadas las memorias de quienes somos en realidad a niveles de planos superiores. El alma puede sentirse tanto vulnerable como asustada como perdida cuando inicia una nueva encarnación, o cuando se enfrenta al desafío de guiar a la mente y al cuerpo humano en el que reside en su camino evolutivo a través de las experiencias físicas de la realidad en la que existe. Por eso en muchas ocasiones, nos es fácil aceptar estas promesas de ayuda espiritual que entidades falsamente disfrazadas de lo que sea nos ofrecen. Nosotros, a cambio, les permitimos que estén cerca nuestro disfrutando de nuestra energía. Cuando el trato se ha hecho, ya es demasiado tarde, y la entidad negativa se descubre realmente y entonces es cuando empiezan los problemas.
Mi intención es explicar que nunca somos victimas inocentes de lo que nos pasa, aunque muchas veces no nos demos cuenta y esté lejos de nuestra realidad consciente este tipo de “acuerdos” que hacemos a otros niveles. Pero al fin y al cabo, seguimos siendo nosotros mismos los que permitimos que estos anclajes tengan lugar. Tenemos todo el poder y el control de nuestras vidas en todos los planos de existencia de la misma y a todos los niveles de realidad en los que operamos. No hay que echarse la culpa tampoco, pero al menos ser consciente de ello. Si realmente hemos aceptado a un ser que nos ofrecía amor eterno, ¿que es lo que realmente nos estamos diciendo a nosotros mismos que nos falta?