Poniendo siempre a los demás por delante nuestro

Por David Topí - 24 - Marzo - 2009 12:02 pm

Hay bastantes personas que tienen tendencia a vivir como si su propia existencia no tuviera ninguna importancia, y solo el resto de la humanidad contara para ellos. Es probable que existan muchas razones por las cuales solemos anteponer nuestros propios deseos, y necesidades, a las de los demás, y, sin embargo, muy pocas veces se trata de puro altruismo.

La creencia de que hay que dar todo por los demás para ser una “buena persona” es solo válida cuando personalmente has cubierto tus propias necesidades  (físicas, anímicas y emocionales). De lo contrario te estás haciendo un flaco favor que tarde o temprano acaba afectando a todo aquello que procuras hacer por otros. En el momento en que nuestra vida empieza a ser lo último de lo que cuidamos por estar siempre pendiente de la vida de los demás, es cuando llegamos a provocarnos situaciones de verdadero caos interior, sentimiento de estar perdido, agobiados, extenuados constantemente, y en algunos casos, incluso deprimidos. Lo peor de todo es que la razón de este comportamiento está muchas veces tapada en algún rincón de nuestro interior que no queremos abrir, por si acaso sale algo que no nos gusta.

Los demás siempre primero

Cada vez que nos traicionamos a nosotros mismos dejando de hacer algo que queremos para hacer algo que quieren los demás, estamos avivando sentimientos de culpa o baja autoestima. ¿Qué nos impulsa a estar siempre pendientes de las necesidades de los que nos rodean?. ¿Amor en estado puro? Quizás en algunos pocos casos, pero en la mayoría básicamente nos encontramos con:

  • Miedo a sentirse rechazado: ¿y si no me quieren? ¿y si no me aceptan como soy o lo que hago?
  • Poca Autoestima: los demás valen más que yo, yo no soy tan importante, esto puedo hacerlo luego ya que no me hace falta, no me merezco tanto, es mejor que lo tengan y disfruten otros…
  • Deseo de formar parte de los otros: no quiero sentirme solo, si digo que no, ¿volverán a llamarme?
  • Necesidad de reconocimiento: necesito que me digan que lo hago bien, necesito que aprueben mi trabajo, necesito que me animen constantemente, necesito sentirme apreciado…
  • Sentimiento de culpa: debo conformarme con menos, fíjate que pocos tienen otros, no debo quejarme, tengo que conformarme con lo que tengo, yo estoy bien así…

Ejemplos de comportamientos de este tipo son cotidianos y es probable que conozcáis a mucha gente que actúe de forma parecida: decir que sí siempre a todo lo que nos piden que hagamos, intentar quedar bien con todo el mundo, poner los valores e ideas de otros por delante de las nuestras, acceder a hacer cosas o favores que no queremos hacer, no pedir nunca ayuda a los demás para no molestar, cuidar de la salud de otras personas pero no de la nuestra, etc.

Se pierde el respeto de los demás

Así como tu te tratas a tí mismo, harás que te traten los demás. Tengo algún caso cercano de una persona que nunca se trata tal y como ella trata a los demás. Esta pendiente de ti todo el tiempo, intenta ayudar constantemente, dice que sí a todo, pero luego no se cuida, no deja que nadie haga nada por ella, no se preocupa por su salud, etc. El resultado, es que, en cierto modo, el entorno se enfada constantemente con ella, se sienten agobiados por su ayuda constante, sus consejos y su dedicación que no tiene camino de retorno. En este caso es un problema de aceptación, pero la persona no quiere/sabe verlo. Así como ella se trata a sí misma, es como su realidad está tratándola a ella.

Las Copas de Cava

Cuando no nos estamos cuidando a nosotros mismos, intentar hacerlo por otros no tiene ningún efecto. Somos como esas copas de cava puestas una encima de otra en forma de pirámide. El champagne empieza a caer en la primera copa, y va llenándola, así que rebosa y el cava empieza a desbordar hacia las copas de abajo, llenándolas todas una a una no importa cuantos pisos haya. Nuestra vida tiene que ser idéntica. Debemos estar siempre llenos y pletóricos como la primera copa, tanto mental, física como anímicamente para que nuestra salud, nuestra riqueza material, nuestro ánimo, nuestra fuerza personal llene las copas de los demás. No funciona de ninguna otra manera. Cuando todo el cava que recibimos lo pasamos inmediatamente hacia las copas de abajo sin dejar que nada se quede en nosotros, llegará un momento en que no podremos más y repercutirá en nuestro ser. Estaremos vacíos y nuestra vida no tendrá mucho sentido.

Si queremos contribuir a que el mundo sea un poco mejor, y que los que nos rodean estén un poco mejor a través de nuestra ayuda, el enfoque correcto es convertirnos en la copa de cava que está en la parte superior de la pirámide. Primero nosotros, luego ya haremos que desborde hacia los demás.

Haz la lista de cosas que siempre has querido hacer, cosas que has pospuesto, actividades que necesitas. Cancela o dí no a lo que no quieres hacer, aprende a rechazar peticiones. Ponte tu primero en la lista. No te traiciones, cumple tus promesas para contigo mismo, y podrás seguidamente cumplir mejor tus promesas hacia los demás.

Efecto multiplicador

Cuanta más energía, animo, riqueza, etc., tengamos, más fácil será hacer que otros mejoren sus vidas. Cuanto más pronto te llenes tú, más pronto podrás hacer que los que están inmediatamente alrededor tuyo sientan los beneficios de lo que les puedes proporcionar. Ellos a su vez conseguirán llenarse y ayudar a otros desde todo el potencial que puedan tener gracias a ti.  Cuando tus necesidades y prioridades van por delante, el efecto multiplicador se genera de forma instantánea.

Así que, como dice el refrán, el burro delante para que no se espante.