David Topí

Tratando de entender el mundo que no vemos

Registros Akashicos  David Topí

Aunque ya lo he comentado en otros artículos, he vuelto a leer esta semana en un par de sitios explicaciones varias sobre lo que comúnmente llamamos “posesiones” o acoples de entidades negativas. Evidentemente cuando has visto unas cuantas películas de fantasmas, demonios, exorcismos y otras cosas la impresión que se te queda, y que existe en el inconsciente colectivo, dista bastante de ser lo que en realidad, al menos tal y como yo lo percibo, sucede.

Dos tipos de “posesiones”

En algunos círculos y ámbitos “espirituales”, el miedo a ser “poseído” está sobre generalizado. Pero no suele haber nada que temer cuando tienes el conocimiento y comprendes realmente cual es la razón y el mecanismo de esta hipotética “posesión”.

Hay básicamente dos tipos de fenómeno que entran dentro de esta categoría. El primero es menos común, sucede ocasionalmente y puede ser solucionado fácilmente. El segundo tipo es extremadamente común, y también se soluciona fácilmente una vez tienes el conocimiento para ello.

Acople de entidad negativa

La primera forma de “posesión” es la que todos nos estamos imaginando. Una entidad o forma de conciencia trata de usar el vehículo físico de otra. En términos que todos entendemos, una entidad que llamamos “negativa” trata de usar o “entrar” en un cuerpo físico que está siendo usado por un alma encarnando en él.  La razón para este tipo de “acople” o posesión es simplemente el deseo de poder usar el cuerpo físico como fuente de nutrición energética por parte de la entidad “negativa” y la oportunidad que de repente se genera para ello cuando la persona física no está lo suficientemente fuerte para impedirlo.

Este tipo de posesión no es demasiado frecuente, no hay demasiadas entidades que se atrevan a forzar a una entidad ya encarnada a una “lucha” por el vehículo físico que ocupa, pues hay otras formas más sencillas de nutrirse energéticamente de uno (por ejemplo, un anclaje al aura, implantes etéricos, etc.). Además, la disociación del alma o conciencia de la persona que es necesaria para que este desplazamiento suceda (para que el alma ocupante sea “expulsada” parcial o temporalmente) tiene que ser bastante elevada, de lo contrario, no suele ser posible. Nunca estamos completamente indefensos, aunque pueden darse casos en los cuales esto suceda si estamos tremendamente bajos a nivel energético, bajo el efecto del alcohol, drogas, o cualquier otra situación en la que perdamos cierto control sobre nosotros mismos por efectos externos. Cuando nuestra alma o conciencia se disocia del cuerpo físico y no ejerce el control necesario sobre el mismo, entonces la protección es más débil y la oportunidad de este tipo de posesión aumenta, si es que alguna entidad “negativa” descubre la viabilidad de la misma y desea probar suerte.

Si esto llega a suceder, basta con que la persona sea consciente de lo sucedido para ponerle remedio. Básicamente se trata de que el alma original, y “expulsada” por esa entidad haga valer su derecho a recuperar el vehículo físico que le pertenece. Dependiendo de las creencias de cada uno, esto pasa por ir a una simple terapia energética donde le haces consciente a la persona del problema, de forma que automáticamente recupera el control (con conocimiento de causa) o participar de cualquier técnica de esas que veis en las películas que a pesar de estar exagerados, tienen la misma función, que el alma original “reclame” el cuerpo (más que toda la parafernalia para “echar” a la otra ocupante). La entidad negativa no tiene más remedio que cumplir con esta prerrogativa y debe abandonar ese vehículo físico ocupado.

Intercambio entre partes de uno mismo, auto-“posesión”

El segundo tipo de “posesión” está relacionado con las múltiples facetas de nuestro ser, nuestra conciencia, las diferentes existencias que llevamos en vidas paralelas, simultáneas, en otros planos, etc. Se trata simplemente de una parte del ser que somos, conectada, intercambiada, acoplada, a otra. Y aquí entran en juego una gama terrible de situaciones posibles.

La más común es, por ejemplo, cuando por la noche en una salida del cuerpo, mientras dormimos, visitamos o entramos en contacto con una vida simultanea o paralela nuestra, y cuando al despertar, esa conexión que hemos realizado entre dimensiones o planos frecuenciales sigue activa, no se ha cortado o cerrado. Y nos encontramos que cosas que energéticamente pasan o suceden en esa otra parte de nosotros, nos afectan y nos influencian como si las estuviéramos viviendo físicamente, aunque a veces sean cosas muy sutiles que no notamos.

Otras veces sucede que por tema de aprendizaje y lecciones, nuestro Yo Superior conecta dos o más encarnaciones, o partes de si mismo, y se produce un traspaso de lecciones, karma, aprendizajes, experiencias, etc. Todo a nivel energético. Y nos encontramos con efectos, lecciones, situaciones o experiencias que provienen originariamente de otras vidas simultáneas pero que ahora debemos lidiar con ellas. Puesto que todo está diseñado para que sirva de aprendizaje, este tipo de intercambio entre diferentes aspectos de nuestro ser tiene como objetivo que adquiramos experiencias que no estamos adquiriendo o que nos son necesarias en ese momento. Nosotros, sin darnos cuenta, también influenciamos a otras partes de nuestro ser, a otras vidas, porque esto es un proceso de doble sentido, así que algo que podamos estar haciendo, o viviendo, puede que sea necesario que también se traspase hacia otras existencias, así que no solo recibimos cosas de nuestras vidas simultáneas sino que también las influenciamos y las “poseemos”.

Así que en definitiva, lo que a la mayoría de nosotros nos pasa constantemente está relacionado con el segundo concepto de “posesión” y en algunos casos, pocos, el primero. Pero el conocimiento protege, y sabiendo lo que sucede, todo tiene rápida solución.