Puerta al silencio

Por David Topí - 14 - Diciembre - 2009 5:41 am

Entré en el interior de mi mismo sin sospechar que, si quieres, puedes descubrir cosas sorprendentes. Jugaba con mi niño interior en su habitación blanca llena de juguetes, un lugar donde la risa y la alegría son la norma de la casa, donde solo se permite la entrada al alma, pero no al ego. Ya lo había hecho otras veces, y cada vez me gustaba más. Por alguna razón, no había explorado demasiado el lugar donde me encontraba, y desconocía la existencia de otra entrada que no fuera la que yo usaba para llegar allí, cuando mi niño interior me indicó una puerta blanca, una puerta de madera, en la que ponía en grandes letras “Puerta al Silencio“.

Le pregunté que había detrás, y me dijo que solo yo podía averiguarlo, pero que si quería él me acompañaría. Me acerqué a la puerta blanca, y la abrí. No se veía nada, pero parecía haber al final de donde quiera que llevara aquello una pequeña luz. Mi niño interior me dijo que me fundiera con él, y que entráramos juntos como una sola conciencia en ese camino a lo desconocido.  Su pureza nos daba seguridad, mi conciencia nos hacia de guía.

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Dí algunos pasos y traspasé la puerta a lo que parecía ser un corredor al final del cual se abría una amplia galería, y ahí estaba. Vaya si estaba. La visión fue impactante. Un enorme corazón rojo, latiendo sin cesar, que se expandía y contraía y que parecía no hacer ningún esfuerzo para ello, rítmicamente, majestuosamente.

Seguí por el corredor acercándonos al impresionante órgano hasta justo algo que parecía ser como una portezuela al interior del corazón. Se podía entrar, así que entré. Una sala acolchada, roja, vibrante, cálida, apareció al otro lado de la puerta. Estaba vacía, pero una mesa y varias sillas estaban en el interior de la misma, y varios pasillos, y decenas de puertas, se alineaban por todos los lados, creando un poco de confusión y desconcierto.

¿Que es esto? ¿Dónde estoy? Pensé para mi.

Estás en tu corazón, dijo algo.

¿Que he venido a hacer aquí? Volví a preguntar.

Has venido a conocerte, volví a oír.

La multitud de puertas y pasillos me confundía. ¿Por dónde voy? ¿Qué se supone que debo encontrar? Pedí ayuda y de pronto una luz apareció al lado mio y me guió por uno de esos pasillos. ¿Es aquí donde debo entrar? No hubo respuesta, pero puesto que me había plantado enfrente de una de las múltiples puertas decidí abrirla y cruzarla.

La visión fue si cabe aún más sobrecogedora. Un enorme templo de cuarzo, con una enorme cúpula redonda, mil veces sobrepasando mi tamaño, se alzaba delante mio. Pero espera, no, no es una cúpula, es algo así como una bola de cristal…

Es tu chakra del corazón, dijo la voz.

¿Mi chakra del corazón?

Si, y aquí puedes verlo parado. Está bloqueado por todos esos miedos y pensamientos que has ido acumulando durante años. Esa bola debería estar girando, pero sin embargo está parcialmente bloqueada.

¿Cómo es posible? ¿Puedo hacer algo al respecto?

Puedes eliminar los bloqueos– insinuó la voz.

Quise hacer algo de inmediato. Plantado delante del templo me imaginé una fuerte luz que entraba por encima del cuarzo y que intentaba romper las cadenas que lo sujetaban.

Así no funciona, me dijo la voz. No puedes romper los bloqueos simplemente tratando de borrarlos de un plumazo, debes integrarlos, debes afrontarlos y debes solucionarlos. Tu corazón ha acumulado muchas situaciones y muchas cosas que se han enterrado aquí por no querer lidiar con ellas. Debes trabajar una por una para poder limpiarlas y romper las cadenas.

Pero me pasaré el resto de mi vida para quitar todo esto que veo…

Peor será quedarte todo el resto de tu vida con esto que ves… ponte manos a la obra. Empieza ahora. Busca en tu corazón aquello que te impide ser lo que eres y dar lo que puedes dar, trabájalo, hazlo tuyo, perdónalo, sácalo a relucir, y luego despídete de ello, déjalo ir, aligera tu carga.  Empieza hoy mismo, no lo dejes para mañana. Aprende, comprende y perdona, y descubre que es lo que de verdad importa.

Comprendí que era lo que debía hacer. Salí de la sala del chakra, volví al corredor y llegué de nuevo a la habitación roja. Salí del corazón y encontré de vuelta de nuevo el camino hacia la sala blanca donde dejé a mi niño interior jugando plácidamente. Entendí que el proceso de comprender la vida pasa por un proceso de trabajo interior, de limpieza y de asimilación, y que para poder ser y usar todo lo que soy y tengo, debo limpiar esas cadenas que me atan en mi mismo, y desintegrar esos miedos que todos llevamos dentro, y que, en el fondo, no son otra cosa que miedos a ser felices, felices de todo corazón.