Reacciones automáticas de la personalidad

Por David Topí - 12 - Junio - 2012 8:45 pm

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¿Habéis caído en la cuenta de que todos tenemos algún amigo o conocido que, según el tema que toques, o según lo que le digas, reacciona de forma exagerada o como si le fuera la vida en ello? A veces ocurre con temas tan banales como hablar de fútbol, otras veces hablando de temas de política, de religión, de sucesos, etc. Y es que parece que le hayas presionado algunos botones y que de repente se hayan puesto en marcha ciertas respuestas o comportamientos automáticos de la personalidad.

Todos somos máquinas

Gurdjieff, místico ruso del siglo pasado, decía constantemente que todos somos máquinas, y Ronald Hubbart lo describía como la mente reactiva en su “ciencia” de la Dianética. Todos los seres humanos estamos programados de mil maneras para ejecutar programas automáticos sin darnos cuenta. Y es cierto. Están en nuestro subconsciente, o en partes de nuestra mente que en muchos casos no alcanzamos a controlar conscientemente. Esos programas son reacciones, patrones de comportamiento, actitudes, etc., que parecen venir por defecto, en el ADN, con el cuerpo físico que nos ponemos al encarnar.

Es cierto que el desarrollo del potencial del alma, que en simbiosis con la mente forma el ser que somos en cuanto a carácter y personalidad, puede desconectar o reducir el número de programas automáticos que se disparan en nosotros cuando las circunstancias externas los detonan. A veces basta que nos digan algo que para nosotros sea un tema sensible, para que saltemos como tigres a la caza de nuestra presa, a veces basta que nos ocurra cualquier situación para que reaccionemos a la defensiva, haciéndonos la victima, preocupándonos, deprimiéndonos, gritando, escondiéndonos, etc. En parte pueden ser mecanismos de defensa del ego/personalidad, en parte son respuestas automáticas que llevamos de forma inconsciente programadas en el interior y que salen sin que nos de tiempo a analizar lo que nos esta pasando.

Dejar de ser una maquina

La única forma de tomar control total del cuerpo físico, mente y respuestas emocionales es estar atento a como reaccionamos y que tipo de emociones y conductas se desatan en diferentes situaciones. Por ejemplo, si el suceso XX te hace sentir de la forma YY, y siempre es igual para todo suceso parecido, eso es una respuesta automática programada en ti. Si esa emoción YY que el suceso XX ha generado te provoca un comportamiento ZZ, y siempre el mismo, ese comportamiento está programado de la misma forma, para siempre “saltar” cuando los botones apropiados son pulsados.

Cuando tu mente consciente consigue darse cuenta y analizar lo ocurrido, entonces tiene el control y la posibilidad de comenzar la desprogramación, por llamarlo de alguna forma, que consiste en que cuando el suceso XX o uno parecido vuelva a ocurrir, no genere en ti la emoción o sentimiento YY, y no te haga saltar el comportamiento o reacción ZZ en consecuencia. Esto provoca una reordenación de las conexiones internas de la mente, las estructuras donde se encuentren codificadas las instrucciones de la máquina interna, y estas, a partir de entonces, se debilitan, y terminan “desconectándose”.

Pulsando nuestros botones internos

Pensad que el sistema de control en el que vivimos usa esta programación constantemente para hacernos reaccionar de forma determinada, muchas veces los puros y simples mensajes subliminales que recibimos marcan esta programación y la acentúan, sin darnos cuenta. El uso de cierto tipo de lenguaje destapa ciertas conexiones emocionales que provocan un tipo de reacción u otra, el uso de imágenes concretas, de sonidos, etc.

La forma de pararlo es constantemente analizar nuestros comportamientos, ¿porque me siento así y como estoy reaccionando al sentirme así? ¿que se está destapando o activando en mi? Cierto es que muchas personas solo por su propia presencia o forma de hablar y comportarse ya activan montones de programas en nosotros, y nos hacen de espejo, pero la clave sigue siendo la misma, ser conscientes en todo momento que el cuerpo biológico que habitamos es un robot, que tiene sus instrucciones y sus características, y que la conciencia que somos y que anda “dentro” es la que debe llevar los mandos y bloquear respuestas automáticas, que en muchos casos, no tienen sentido.