David Topí

Explicando el mundo que no vemos

Nociones de alquimia (II)

Por David Topí

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Nos habíamos quedado en el artículo anterior hablando de los componentes de un diagrama que nos servía para entender el proceso de transformación interior que el alquimista buscaba completar, mediante la aplicación de la piedra filosofal, para transformar el metal (cualidades negativas) en oro (pureza y perfección). Esto, en el lenguaje coloquial que todos entendemos, no significa otra cosa que despertar el potencial de la esencia o mónada en cada uno, para que su energía transmute y transforme todas las formas etéricas, mentales y emocionales negativas y se produzca, paulatinamente, la transformación del ser humano en algo “puro”, como el oro representa la pureza frente al resto del reino mineral.

Los tres principios fundamentales

Ahora que hemos visto los cuatro elementos arquetípicos que componen todo lo que somos por combinación de sus energías y principios (tierra, aire, fuego y agua), y sus cualidades más importantes (húmedo, seco, frío y caliente), en el diagrama del artículo anterior nos encontramos con que, combinando estos elementos, obtenemos tres principios muy importantes para el alquimista, que son:

El Azufre: La cualidad de un elemento “Caliente” contenido en el Fuego y en el Aire, engendra y crea un principio de naturaleza caliente, fecundante, fermentativa, que en la alquimia recibe el nombre de Azufre. Es el principio masculino y activo, y su color fundamental es el rojo. En el ser humano, cuando se habla del azufre, nos estamos refiriendo al Espíritu, un cuerpo superior de nuestra composición multidimensional. El Azufre corresponde al despertar en la persona de la fe (no asociado a conceptos religiosos) por la naturaleza divina de todas las cosas.

El Mercurio: La cualidad “Húmedo”, contenida en el Aire y en el Agua, engendra y da lugar a un principio de naturaleza vaporosa, sutil, mutante, generadora, que recibe el nombre alquímico de Mercurio. Es el principio femenino y pasivo, y su color es el azul. En el ser humano, el mercurio es la metáfora para hablar del Alma de una persona y del cuerpo causal. El mercurio corresponde a la cualidad de la esperanza en una persona.

La Sal: La cualidad “Seco”, contenida en el Fuego y en la Tierra, engendra un principio de naturaleza seca cohesiva, coaguladora, que recibe el nombre de Sal. Es el principio de unificación de la energía activa con la pasiva, el principio masculino con el femenino, y el resultado de su unión. Se asocia al color amarillo y, en el ser humano, se refiere al cuerpo físico y su sistema energético asociado (cuerpos etéricos, emocionales, mentales). La Sal es también la cualidad de la caridad en el ser humano para con sus semejantes.

Vemos así como, cuando se habla de transmutar la “Sal”, estamos hablando de purificar la triada inferior física y energética de una persona, cuando se habla de trabajar el Mercurio, estamos hablando de limpiar y purificar sus facetas del alma, cuando hablamos del Azufre, estamos trabajando con los componentes y cuerpos superiores del ser humano.

Ahora, con esta base, el proceso alquímico puede diagramarse de esta forma mucho más detalladamente:

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Aquí arriba veis los cuatro elementos, sus cualidades combinadas, los tres principios que estos forman, y las tres fases de las que hablamos en los artículos anteriores de ennegrecimiento, blanqueamiento y enrojecimiento.

Los dos metales de los sabios filosóficos

Todo el trabajo alquímico de transformación personal se inicia con la purificación de la sal y los metales rudos asociados, luego el mercurio y luego el azufre, mediante fórmulas y procedimientos de purificación de cada uno de esos metales para que dejen atrás su parte “impura” y puedan ir dando lugar a elementos de mayor calidad. Al ir limpiando, sanando, liberando y transmutando todo aquello pendiente a nivel de cuerpo físico, etérico, emocional, mental, causal, álmico, espiritual, etc., los alquimistas vieron que se generaban otros dos estados “vibracionales”, energéticos, que fueron llamados los “metales de los sabios”. Y que eran:

Plata filosófica de los Sabios: Estado de un ser humano que resulta de la absorción de cierta cantidad de Azufre por una determinada cantidad de Mercurio. Se trata del estado en el que el espíritu humano es cristalizado y manifestado por la acción expansiva, transmutadora y potenciadora del alma de esa persona, que hace catalizador y detonante para que el espíritu se desarrolle. Corresponde al despertar de la sabiduría en una persona (centro de consciencia universal, noveno chakra).

Oro filosófico de los Sabios: Estado en un ser humano que resulta de la absorción de cierta cantidad de Sal por una cantidad determinada de Azufre. Se trata del estado en el que el espíritu ha sido desarrollado y potenciado por la expansión, limpieza, transmutación y transformación del cuerpo físico y sus componentes etéricos, emocionales y mentales. Corresponde también al desarrollo de la inteligencia superior en una persona (centro intelectual superior, octavo chakra).

Obteniendo la piedra filosofal

Finalmente, ¿cómo se obtenía la manifestación total de la piedra filosofal? ¿cómo se accede en alquimia al despertar de la esencia o de la mónada interior de cada uno? Como ya podéis ver en el diagrama, era la combinación de la plata y el oro filosófico los que permitían al alquimista obtener la crisopeya, la luz divina, el acceso a la partícula primordial de su interior, su piedra filosofal. Para ello, había de pasar por un largo proceso en el que su cuerpo, su alma y su espíritu habían sido refinados, purificados y sucesivamente pasados por los procesos de ennegrecimiento, blanqueamiento y enrojecimiento que ya vimos anteriormente. Solo así, entonces, la luz de la esencia aparecía de forma sublime por la combinación y mezcla del estado vibracional de todos los componentes que hemos descrito, al tener vía libre para poder acceder al vehículo orgánico al cual está enlazado en esta encarnación.

Un trabajo personal

Creo que ninguno de nosotros somos alquimistas de libros antiguos, pero si que todos tenemos formas de auto sanar y limpiar nuestro sistema energético. El despertar de la esencia es la culminación de la mezcla del estado energético que asole el alma, con el estado energético y de desarrollo de los cuerpos físico, etérico, emocional y mental, con el estado asolido al cristalizar el espíritu. De esta forma, la mónada tiene vía libre para salir al exterior y hacerse presente y patente como herramienta de transmutación y transformación interior. La alquimia antigua lo expresa de una forma que nos resulta extremadamente oscura y complicada, pero no lo es tanto, al menos no cuando usas un lenguaje más adaptado a nuestros tiempos y tienes herramientas de transformación personal como lo son las decenas de técnicas energéticas combinadas que pululan por el mundo.

La cuestión es si uno está dispuesto a tomar las riendas de este proceso de transformación, pues eso es lo complicado del tema. Habéis visto en el blog, si lo habéis leído desde el principio, muchas de las fases por las que uno va pasando, especialmente con la transmutación de la sal (el cuerpo y sistema energético asociado), las noches oscuras del alma, el descenso al inframundo de cada uno, las luchas internas de las que nadie se da cuenta más que uno mismo en su propio fuero al trabajarse interiormente, etc.

La Gran Obra es el proceso sublime en el que el ser humano busca lo mejor que tiene dentro, y, de hecho, lo único que lo hace eterno, grande, cósmico, y lo lleva del estado de un simple metal vulgar, al reluciente estado de ser puro, como el oro.


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