Barriendo la psique con “amor cuántico”

Por David Topí - 18 - abril - 2017 12:46 pm

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Si durante el último artículo habíamos empezado a hablar de las dos fuerzas que básicamente mueven el mundo, ahora nos centramos en la forma de trabajar con ellas, y aprender a usarlas como lo que son, energías que sirven para poder ejecutar acciones, tomar decisiones, y manifestar la realidad en la que vivimos. Nada puede funcionar sin energía, ya que de energía está compuesto todo lo que existe, así que, teniendo en cuenta que ambas “gasolinas” tienen octanajes y calidades diferentes, lo más obvio es saber que se pueden usar para cosas distintas, y que no son compatibles entre sí.

Un canal de acceso a la energía

Para usar la energía del amor “puro”, es necesario poseer acceso a esa fuerza de alguna forma. En algún artículo anterior ya hemos hablado del acceso a la “esencia” de cada uno de nosotros, cuando explicábamos cómo hacer sanaciones y cómo transmutar bloqueos energéticos usando la parte más pura y de mayor vibración que poseemos. Este acceso, que todo el mundo tiene y que podéis volver a leer en este artículo donde se explica un pequeño ejercicio para ello, no deja de ser nada más que un canal a través del punto del sistema energético que solemos llamar el “Hara”, para poder atraer al plano físico parte de esta energía que luego puede ser usada y redirigida para otros menesteres y funciones.

Obviamente, no vamos a usar la energía del miedo para nada, ya tenemos bastante de esta otra “gasolina” imbuida en nuestro día a día, en nuestros sistemas de gestión, en nuestros medios de comunicación y en las rutinas bajo las que vivimos constantemente, así que la idea es empezar a sustituirla, o al menos a contrarrestarla, con la potencia que cada uno tiene en su interior y que puede ser accedida con relativa facilidad si hacéis el intento de sintonizarla, conectar con ella y atraerla hacia nuestra dimensión física.

Una capacidad inherente a todos

Y es que, como decíamos en el post anterior, todos los seres humanos como parte de nuestra función en el planeta tenemos la capacidad y propósito de canalizar y proyectar esta energía hacia nuestro plano físico, siendo los responsables de la co-creación de nuestra realidad en el mismo, usando esta materia prima de amor, como sustrato de construcción, así que no es más que cuestión de ver si somos capaces de empezar a usarla, dejando a un lado el concepto más romántico del tema, y viéndolo más como un potente catalizador y motor para cambiar las cosas en nosotros mismos, y en nuestra realidad.

Para empezar, la intención de llevar la energía hacia algún punto del cuerpo ya la dirige hacia allá, es algo sabido por muchos de vosotros y no tiene ninguna dificultad el hacerlo, pudiendo ser comprobado por todo el mundo que lo quiera probar y sentir, pero lo que vamos a hacer es usar esta energía para aprender a manifestar y mover cosas en los cuerpos superiores, que luego terminen provocando cambios y detonando modificaciones en la realidad física. Dicho con otras palabras, vamos a dotar del combustible adecuado a los mecanismos que rigen la proyección holocuántica de aquello que llamamos “nuestra realidad”, para que estos tomen fuerza y la calidad energética adecuada para su correcta manifestación.

Un barrido en la psique

Una vez somos capaces de intencionar que la energía de nuestra “esencia”, que es lo más cercano al concepto de “amor cuántico” del que hemos hablado, se mueva de un punto a otro de nuestra estructura energética, vamos a llevarla a nuestra mente, dándole la orden de que se imbuya en nuestras esferas mentales para que “borre” todas aquellas formas energéticas que no estén alineadas, y que no resuenen con la misma frecuencia y vibración que esta energía. Esto, al menos en un primer intento, hará una pequeña limpieza superficial de formas energéticas densas, y que puedan ser transmutadas y liberadas. Con un poco de práctica, y si os estudiáis un poco la estructura de la psique que explicamos y tenéis disponible en este vídeo, podréis afinar más y dirigir esta energía esfera a esfera, o componente a componente, para poder “barrer” parte del “polvo” que se ha ido acumulando, tanto en la mente como en el cuerpo mental (habiendo que hacer el mismo ejercicio para este último).

¿Podemos borrar todo lo que está ahí acumulado? No, muchos de esos bloqueos, formas mentales, programas y patrones requieren de un trabajo más profundo, pero, con esto, estamos dando un primer repaso para desincrustar el exceso de “miedo” en sus diferentes manifestaciones acumulado en nosotros, para luego poder trabajar más en modo específico, en cosas que necesiten de atención detallada.

Por otro lado, estaremos empezando a imbuir en nosotros la gasolina “amor”, como parte de la energía que todos tenemos, y a la que podemos acceder, no importa que nombre le pongamos. Al equilibrar con la constancia y la repetición regular de este tipo de ejercicios la presencia de ambos tipos de “combustible”, como carga energética en las partículas que forman nuestros cuerpos sutiles, y nuestra estructura física, psíquica y energética, habremos empezado a restarle poder al miedo, y habremos empezado a desmontar parte de los engranajes que le permiten seguir teniendo el control de nuestra existencia. Recordad que el programa ego, que gestiona todo lo referente a nuestra personalidad, consciencia artificial y proyección de la realidad en modo “autómata”, puede pasar a funcionar en modo “manual” bajo las ordenes de nuestro ser, de nuestro Yo Superior, cuando se le desconecta de ese miedo y se le endosa su opuesto, el amor “cuántico”, por lo que, por poco que consigamos que esto empiece a ser así, tardemos el tiempo que tardemos en conseguirlo, estamos dando pasos de gigante para revertir una de las limitaciones y mecanismos de control más importantes presentes en la estructura psíquica del ser humano y que, en algún momento del camino particular de cada uno, permitirá que esa otra parte más elevada de aquello que somos empiece a asomarse con más facilidad, y tener más presencia y potencial, para guiarnos en nuestra evolución y crecimiento.