¿Cómo se miden y se numeran las líneas temporales?

Por David Topí - 11 - noviembre - 2017 7:42 am

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linea 42

«Cuarenta y dos,» dijo Pensamiento Profundo con infinita majestuosidad y calma. La Respuesta a la Gran Pregunta de la Vida, el Universo, y Todo lo Demás.

Con estas dos frases Douglas Adams convertía a un sencillo número en una de las piezas fundamentales de La Guía del Autoestopista Galáctico, una novela y película que ha hecho las delicias de muchos fans de la “ciencia-ficción”.

¿De dónde salen esos números?

Una de las preguntas más recurridas desde que llevamos, ya hace años, publicando artículos sobre las líneas temporales, es quién o qué les ha puesto esos números que usamos para identificarlas y cómo podemos definir o medir la vibración, o las características energéticas, o el estado de una línea temporal respecto a la otra.

Bien, ambas cosas tienen explicación. Vamos primero con el origen de la numeración que usamos para identificar la línea negativa, el número #33, y la numeración de la línea de cambio evolutivo, la #42.

Primero, líneas temporales ha habido muchas a lo largo de la historia de la humanidad. Una línea temporal, para entendernos, es una sucesión de eventos medida desde la percepción lineal que tenemos del tiempo, así, aunque no sea del todo correcto, nosotros percibimos el flujo del tiempo llegando desde nuestro pasado, al presente, y hacia el futuro. De este modo, al igual que hay líneas temporales individuales para cada persona, que marcan y contienen todo lo que os ha pasado, os está pasando y os pasará, existen líneas macro para la humanidad que recogen los eventos que hemos vivido, los que estamos viviendo y los que tenemos por delante. Si queréis ver que ha ido sucediendo con las líneas temporales en los últimos seis o siete años, como se han ido juntando, desdoblando, colapsando, etc., tenéis en los archivos del blog decenas de artículos al respecto.

Debido a los cambios macro sucedidos desde hace ya tres o cuatro años, toda la estructura energética de la Tierra ha ido cambiando, ajustándose y modificándose, haciendo que, finalmente, hayan resultado dos macro líneas temporales que han ido “engullendo” a todas las demás. En un extremo se han ido colapsando y atrayendo entre si todas las posibilidades evolutivas asociadas a un cambio de nivel de consciencia y realidad para el ser humano, y, por otro lado, se han ido consolidando y compactando entre si todas las posibilidades de todo lo contrario, un mundo de mayor caos, negatividad, posibilidades nulas de crecimiento, etc. Todo eso ha dado lugar, desde hace unos años, a solo dos escenarios macro: el escenario “positivo y de crecimiento evolutivo” y el escenario “negativo y de todo a peor”.

A la primera línea se la denomina la línea #42 y a la segunda línea se la denomina la línea #33, pero estos números no están escogidos al azar, y no tiene nada que ver con la numerología, al menos tal y como la entendemos terrenalmente.

La estructura del plano mental

En el plano mental de nuestro planeta, que es la base para los carriles de energía que luego dan lugar a las manifestaciones de los eventos que corren por una línea temporal u otra, los eventos son percibidos y existen de forma simultánea, es decir, todo está sucediendo a la vez. Sin embargo, esto no es así cuando esos eventos tienen que “caer”, energéticamente hablando, hacia los planos etéricos y físicos, que son los dos planos “densos” que dan soporte a la estructura de nuestra realidad “tangible”.

Para que todos los eventos que están en el plano mental, “bajen” a nivel físico, tienen que pasar por alguno de los carriles que atraviesan esos planos, del mental al etérico, ambos sostenidos por el campo astral, y de ahí al físico. Esos carriles tienen números, para poder ser protegidos, modificados, estructurados, etc., por las jerarquías y seres que de ello se encargan, y esos números están asignados por orden de apertura de los carriles y por la posición de los mismos dentro de la estructura del plano mental.

92a4605754935b198d8f4f5a7fe48ab4Si el plano mental fuera un tablero de ajedrez, a cada casilla le pondríamos un número acorde a la posición que le toca según la fila y la columna en la que se encuentre. Así, cada carril que desde el plano mental baja hacia los planos inferiores tiene un número acorde a la posición de nacimiento de ese carril en ese tablero energético. El plano mental, como tal, no es una masa difusa de energía o un campo aleatorio de la misma, sino que posee una estructura tremendamente detallada, ordenada, cuadriculada y precisa, donde todo tiene una posición, unas coordenadas y una función. De hecho, la estructura del plano mental es la de un cubo de 3×5, muy parecido a lo que veis en la figura adjunta, donde, en total, hay 45 micro-cubos o realidades formando el total del entramado mental, 15 para cada “cara” del mismo.

Colapso en las posiciones 33 y 42

Así, diferentes carriles y canales energéticos que han ido dando lugar a diferentes líneas temporales han ido colapsando y compactándose en la posición que corresponde al “cubo 42” de la estructura del plano mental para la línea temporal positiva, mientras que otras líneas temporales se han ido colapsando en la posición del tablero mental que corresponde al cubo 33 de esa misma estructura. En total, habría 45 posibles “macro-posiciones” de las cuales podrían partir, en teoría, 45 macro líneas temporales, y de hecho, salen muchas más del plano mental que dan soporte a diferentes necesidades evolutivas en el planeta, pero, para el ser humano, para su inconsciente colectivo, que al final es lo que se mueve por uno de esos dos carriles, solo tenemos dos macro líneas: o estamos circulando por el carril que, del plano mental al físico, nace de la posición 33, o por el carril que nace de la posición 42.

¿Por qué no han colapsado las líneas en otras casillas o posiciones del plano mental?

Porque cada casilla tiene su propia vibración, energía, etc., y por resonancia y por “atracción”, todos los eventos de la humanidad que tienden hacia el lado “negativo” (genérico y simbólico, no es tan sencillo) se atraen y colapsan en la 33, y todos los “positivos” se atraen y colapsan en la 42.

Otra línea en el planeta con cierta relevancia es la línea 44, que es la línea temporal que rige la evolución de animales y plantas, fuera de la influencia de las líneas humanas. Que sea un número mayor no significa automáticamente que sea más positiva, sino que nace desde otra posición en el plano mental para bajar hasta el etérico y físico. Así, los eventos y el destino de la raza humana no afectará al destino de la biosfera del planeta, que seguirá adelante tanto nos destruyamos nosotros mismos o demos un salto de nivel evolutivo.

Midiendo la separación entre líneas

Bien, por último, ¿cómo se mide la separación entre líneas? Cuando decimos, o cuando hemos dicho que las líneas se están separando, ¿qué significa eso y cómo se mide esa separación? Solo lo podemos medir por un factor de distancia energética, es decir, si por ejemplo, la línea 33 posee un nivel de vibración o energía igual a 1, ahora mismo la línea 42 tiene un factor de 4. Así que están separadas en frecuencia, contenido, energía, en esa magnitud. Es como decir que, ahora mismo, la línea 42 es “cuatro veces” más elevada o más “positiva” que la 33. Cuanto más se separen las líneas, más diferencia habrá. Esto es lo que dificulta el cambio de línea temporal, pues ahora, hay que superar “cuatro escalones” para pasar de línea, dentro de unos meses, puede que sean 8, o 12 o los que sean. A mayor separación entre líneas, más hay que incrementar la vibración de la estructura del ser humano para poder moverse de una a otra, de ahí la insistencia de hacer ese cambio ahora, soltando lastre, miedos, cargas emocionales, anclajes, programación, etc., etc., porque luego va a ser prácticamente imposible que una persona pueda dar el salto frecuencial necesario para subir a la 42 si esta se encuentra ya muy separada de la 33.

Confió en que así se entienda mejor el tema de la numeración y del proceso que estamos viviendo, y podamos con más tranquilidad hacer todo el trabajo que es necesario para seguir con el cambio.