David Topí

Escritor, formador y director de la EMEDT

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El proceso de fallecimiento, paso de un periodo que llamamos entre vidas y posterior reencarnación es un hecho bastante aceptado por una mayoría de personas, culturas y tradiciones. No todo el mundo cree que existe algo mas allá de nuestro cuerpo físico, pero solo es necesario un poco de desarrollo personal para ver que somos mucho más que un simple trozo de materia orgánica. Los que ya tenemos nuestras pruebas personales de la reencarnación y de quienes somos, en muchos casos tampoco tenemos demasiado claro como funciona todo ese proceso, nada sencillo por otro lado, tremendamente planificado y bien definido, y mucho más complejo de lo que, en muchas ocasiones, podemos llegar a pensar.

Los cuatro cuerpos sutiles

cuerpos sutilesEl ser humano está compuesto por varios cuerpos sutiles que se superponen al cuerpo físico y se interpenetran unos con otros. Estos cuerpos, además del cuerpo denso, químico y orgánico que es el cuerpo físico, son el llamado cuerpo etérico o vital, el cuerpo emocional, el cuerpo mental y el cuerpo causal. Este último, el cuerpo causal, es lo que por otro lado algunas personas suelen definir como el alma, aunque aquí las definiciones varían según la línea que estudies. En algunos textos el alma suele ser el compendio de estos cuerpos sutiles inferiores y llamamos “mónada” a la “chispa” o matriz de luz que los usa como vehículo evolutivo. En otras tradiciones, el cuerpo espiritual es el alma, y los cuerpos sutiles son simplemente capas que la recubren, mientras que el espíritu es un componente aun más interno que no todas las personas poseen.

El proceso del fallecimiento

Cuando llega nuestra hora de abandonar el plano físico, lo primero que sucede es que el cuerpo etérico, el cuerpo emocional, el cuerpo mental y el causal abandonan, normalmente por la parte de la cabeza, el cuerpo químico. En todos los aspectos, en esos primeros momentos, seguimos siendo “nosotros” al completo, simplemente no tenemos ya un vehículo orgánico del cual preocuparnos. A lo largo de los próximos tres días, aproximadamente, el cuerpo etérico o vital se irá desintegrando. Se produce lo que conocemos como la primera desoma, es decir, ha ocurrido la “primera muerte” y dejamos atrás todo lo que no nos sirve de la parte densa de nuestra vida. Puesto que el cuerpo etérico solo sirve de “molde energético” del cuerpo físico, al no existir este último, el cuerpo vital tampoco es necesario ya. Aun así, este cuerpo etérico que posee aun remanentes energéticos de todas las experiencias vividas por el cuerpo físico las traspasa al siguiente cuerpo sutil antes de desintegrarse (a través del átomo simiente), el cuerpo emocional, de forma que en este cuerpo emocional llevamos una carga muy importante de información sobre la parte física y etérica de nuestra anterior encarnación.

La segunda desoma en el plano astral

Mientras que la muerte del cuerpo se produce en el plano físico, y la desintegración del cuerpo vital en el plano etérico, el siguiente paso del proceso de salida de una encarnación se hace ya en el plano astral. Aquí es cuando cruzamos ese “túnel” de luz, y aparecemos normalmente en una de las regiones de los planos inferiores de este plano astral.  Como todo nivel evolutivo, está dividido en siete regiones principales, siendo las tres primeras el llamado bajo astral, la cuarta el medio astral/sistema de creencias, y las tres siguientes el alto astral. Aquí, dependiendo del nivel evolutivo de cada uno, al cruzar y salir del plano etérico apareceremos en la zona que nos corresponda por frecuencia de vibración.

En estos momentos, la mónada lleva consigo al completo el cuerpo causal, mental, el cuerpo emocional, y la carga energética/experiencial del cuerpo etérico, en lo que algunas tradiciones ocultistas denominan el “átomo simiente”, que vendría a ser algo así como el contenido energético básico que contiene toda la información del cuerpo sutil en cuestión. Así, nuestro cuerpo emocional lleva un “átomo simiente” o carga energética del cuerpo etérico anterior que le servirá al Yo Superior de la persona para preparar en el futuro el molde físico de su nueva encarnación.

En estos momentos, esa persona, pasa por un periodo de revisión de vida, en el cual revisamos y volvemos a sentir, principalmente porque se hace a través del cuerpo emocional, todo aquello que nos ha ocurrido en la encarnación que acabamos de dejar atrás. Mientras estamos haciendo está revisión, también con el Yo Superior se realiza una limpieza de aquello que ya no le es necesario, y traspasa toda la información y carga energética que desea usar de nuevo del cuerpo emocional al cuerpo mental. Se produce lo que se llama la segunda desoma, la segunda muerte.  En cursos de proyección astral, se puede aprender también a proyectarse con el cuerpo etérico a cuestas, con el cuerpo emocional y mental, o solo con el cuerpo mental. Cuanto menos “carga” lleves, más “alto” en los planos internos puedes “subir”.

Ahora, esa mónada está envuelto solo por el cuerpo causal (alma), mental, y los dos “átomos simiente” o remanentes energéticos del cuerpo etérico y del cuerpo emocional de la vida o vidas anteriores, con aquello que ha decidido mantener para la siguiente encarnación.

La preparación de la nueva vida, el plano mental

El siguiente paso del proceso ocurre en el siguiente nivel de los planos internos, el llamado plano mental. También dividido en 7 subniveles, los cuatro primeros se asocian a ideas y conceptos relacionados con el pensamiento y la mente concreta, mientras que los tres superiores se asocian a la mente y el pensamiento abstracto. De aquí nacen las fuerzas arquetípicas, los conceptos, las ideas, que luego caerán hacia el plano físico para tomar forma y manifestarse como el mundo que conocemos.

Es en este plano donde también nuestro cuerpo mental realiza una limpieza de aquello que no es necesario mantener para la siguiente vida y es donde se empieza a planificar la entrada de nuevo en el plano físico.

De vuelta para abajo

Así, una vez hemos visto las diferentes opciones que tenemos, hemos escogido lugar, línea temporal, fecha de entrada, lecciones principales a experimentar, misión a cumplir, etc., esa mónada, revestido solo de un fino envoltorio que es el cuerpo causal, inicia su descenso al mundo físico de nuevo. En un plis plas pasa por el plano mental y astral, donde se forma de nuevo la nueva capa que se va a convertir en el nuevo cuerpo mental y emocional que vamos a tener, usando como semilla para que este germine el remanente energético que trajimos de la vida anterior (de ahí que le llamen átomo simiente). Ahora, en estos momentos, el nuevo ser tiene ya un cuerpo mental con la información sobre su propósito, y un cuerpo emocional recién creado con los remanentes de las vidas anteriores que no fueron desechados. El siguiente paso entonces es crear el cuerpo etérico, así que, con materia del plano etérico, bajando un nivel más hacia el plano físico, en otro instante el espíritu se reviste de un nuevo cuerpo etérico, que posee ciertas reminiscencias de los cuerpos usados en anteriores encarnaciones. Este cuerpo etérico marcará como será el nuevo cuerpo físico, hasta el mínimo de los detalles, de forma que si se planea que ese ser tenga algún “defecto”, es aquí en este cuerpo etérico donde se diseña ese defecto.

Además, este cuerpo etérico es el que se proyecta y se inserta sobre el bebé en formación en el útero de la madre, sobre el nuevo cuerpo físico que ha de nacer, que a su vez trae la configuración genética heredada de los padres. Si un cuerpo físico tiene un defecto genético heredado, pero el ser no considera oportuno manifestarlo, el cuerpo etérico no lo incluirá en el “molde” y ese defecto no se manifestará. Si ese cuerpo físico no trae ningún “defecto” pero el alma necesita alguna disfunción para su aprendizaje, se incluirá en el molde y ese cuerpo físico que ha de nacer lo manifestará.

Así, en ese momento, cuando el nuevo ser humano nace, tiene un cuerpo físico creado por la configuración genética de los padres, un cuerpo etérico resultado de las decisiones del Yo Superior y del alma para la nueva encarnación y con la carga remanente que ha permanecido de los anteriores cuerpos físicos ocupados, un cuerpo emocional nuevo que trae los remanentes energéticos de lo vivido en las últimas vidas y lo que se considera necesario para esta, y un cuerpo mental que trae consigo las instrucciones, planes evolutivos, lecciones, misión, etc. que habrán de ejecutarse para ese ser, que está entonces recubierto, encarnado, en un nuevo bebé, y que inicia una nueva aventura en el plano físico.