David Topí

Explicando el mundo que no vemos

respiracion

Todos aquellos entre vosotros que hayáis practicado alguna técnica de relajación, concentración, meditación, yoga, etc., posiblemente incluís ejercicios de respiración de diferentes tipos en ella. Es más que posible, además, que conozcáis tantas maneras de respirar como cursos, clases o libros hayáis leído al respecto, pues es la principal función fisiológica que nos permite controlar, de manera consciente, diferentes procesos físicos y psíquicos de nuestro organismo y regularlos a voluntad.

El momento de la pausa

Dentro de las diferentes maneras y ejercicios de respiración, suele existir, en casi todos, una pausa entre el momento en el que inhalamos el aire y lo soltamos, de forma que, en muchas enseñanzas, se trabaja especialmente el mantener el aire en los pulmones durante un tiempo determinado antes de expulsarlo. Esta práctica de inspirar, retener y expirar, que según lo que practiques durará más o menos segundos, en más o menos ciclos de repeticiones, tiene un base tanto física y fisiológica como psíquica y metafísica, pues vamos a explicar un poco el porqué de la necesidad de retener el aire en los pulmones que nos dicen que hagamos, pero que no nos suelen decir porqué o para qué.

Componentes del aire que respiramos

Lo que todos sabemos es que el aire que respiramos forma parte de la triada de energías que nutren al ser humano, formadas por lo que designamos como carbono (lo que ingerimos y bebemos), oxigeno (lo que respiramos) y nitrógeno (las energías e impresiones que recogemos del entorno). En este caso, el aire está compuesto por elementos tales como el oxígeno, el ozono, el gas carbónico, algunos gases raros y un poco de argón, siendo toda esta mezcla la que entra en nuestros pulmones en cada inhalación. Sin embargo, en el aire no solo están estos elementos gaseosos, sino que, por supuesto, se encuentra, como se encuentra imbuida en todas las cosas, la energía cósmica, la esencia etérica de la vida, o como queramos llamar cada uno a lo que la medicina china llama el Chi, otros llaman prana y otros llaman fuerza vital. En nuestro planeta, esta fuerza vital o prana nos llega principalmente del sol, pues es nuestra estrella la fuente principal de la misma para todo lo que se encuentra en el sistema solar.

Así, cuando inspiramos, entra en nuestro cuerpo oxígeno y prana, y, gracias a la circulación sanguínea, ambas llegan a todas las células de nuestro organismo y son distribuidas adecuadamente por todo este. Mientras las funciones fisiológicas del citoplasma celular que se encarga de la absorción del oxígeno lleva a cabo su trabajo, las mismas funciones del núcleo de la célula se encargan de absorber a su vez esta fuerza vital, prana o esencia cósmica. Esto hace que tanto el proceso de respiración nos de el oxígeno que el cuerpo orgánico necesita para sobrevivir, como además nos de la energía que las células necesitan para su evolución y crecimiento “psíquico” y “energético”. Además, mantiene el campo electromagnético de la célula en equilibrio, pues si el núcleo es aquel que posee energía de carga predominantemente positiva (la fuerza activa), en la membrana celular es la que posee una carga predominantemente negativa (la fuerza pasiva), siendo este campo el origen del mantenimiento y perpetuación de la vida celular.

De esta manera, cada vez que respiramos profundamente, usando principalmente el diafragma para poder absorber mayor cantidad de aire, no solo insertamos mayor cantidad de prana o energía vital sino que, en el proceso de retención del aire, y de aquí la indicación de hacer una pausa entre inspiración y expiración, damos más tiempo a que, en los pulmones, entre más prana a la sangre, y luego este llegue a  los núcleos celulares que recogen esta energía y la usan para potenciar su despertar “psíquico” en mayor cantidad, lo que repercute en un mayor dinamismo de crecimiento no solo orgánico, sino energético.

Respiraciones de “poder”

Mediante la respiración es como uno se recarga de energía de forma consciente, como uno puede incrementar el potencial de su propio campo electromagnético, y el propio magnetismo personal que todo ser humano emana naturalmente por la composición física y energética que poseemos. La respiración consciente, incluyendo la retención del aire,  influye favorablemente en las funciones vitales del organismo, mejora nuestra salud y potencia nuestros aspectos mentales, pues la acumulación de energía y la dinamización psíquica de todas las células permite incrementar el estado psíquico y consciente general de la persona de forma armónica y equilibrada. Es otra de esas cosas que tendrían que enseñarnos en la escuela de pequeños, pero que, como todo, como es algo que hacemos sin darnos cuenta, pasa de largo y no somos conscientes de su enorme importancia para nuestro crecimiento y evolución a todos los niveles.